¿Dimitir? ¿Yo? Nunca, y ¿usted?

Dimisión

Nos encontramos con más casos de los que nos gustaría en los que la dimisión cuando algo se hace mal es la última opción que se baraja. En el día de hoy encontramos el caso de la ministra de cultura Ángeles González-Sinde que tras el duro varapalo recibido ayer en la conocida como Ley Sinde no se le pasa por la cabeza dimitir.

Cierto es que en el ámbito político se tiende a solicitar la dimisión de presidentes del gobierno o ministros con una ligereza que hace perder el valor real de dicha petición desde la oposición o desde la ciudadanía. Pero muy cierto es que, desde un punto de vista objetivo, hay situaciones en los que se plantea de una forma manifiesta dicha inoperancia en la tramitación de asuntos o en el ejercicio del cargo.

Internet está lleno de informaciones acerca del cronograma que desde hace ya más de un año se lleva gestando esta disposición que pretendía clausurar páginas web, y por ello no me voy a extender en la descripción pero sí en hechos determinantes:

– La revuelta popular que ha supuesto durante estos últimos días.

-El rechazo de TODOS  los grupos con representación parlamentaria.

– El oscuro proceso que se ha elegido para intentar que salga dicha ley a toda costa.

Probablemente puedan parecer hechos absurdos, pero entre todos ellos se suman una serie de desdichas que únicamente se puede responsabilizar a la ministra encargada de la cartera de cultura.

Está claro que muy probablemente se esté pidiendo algo de lo que en España no estamos acostumbrados y sobretodo por que parece que no aparece en el Manual Operativo de los distintos dirigentes. Esta tendencia no sólo se da en aquellas personas que tienen un lucro directo del cargo que desempeñan, que de una forma muy leve justificaría su acción, sino que también aparece en diversos dirigentes de asociaciones, federaciones y otro tipo de entidades en los que los cargos directivos no tienen retribución ninguna.

Muy probablemente en un futuro el pensamiento cambiará y hay que entender que si lo que se pretende hacer es ayudar (aunque sea a un único sector), hay buena intención (dudosa en este caso) y se le pone empeño y a pesar de todo esto las cosas no van bien, lo mejor es que abandone el barco y que deje hacer a los candidatos a ocupar el cargo. Esta decisión la ventaja que aporta es que se de una visión diferente a las lineas viciadas de administración y gestión de un departamento, asociación…

La dimisión no es mala, todo lo contrario, es buena. Buena para la persona que está a la altura de todas las situaciones y se reconoce que las cosas no van bien.

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Un pensamiento en “¿Dimitir? ¿Yo? Nunca, y ¿usted?”

  1. Pienso igual que tu, la practica de la dimisión es algo saludable pero se usa poco, la ministra debería dimitir, pero no solo ella, también en su día los que estaban al frente cuando sucedió lo del Prestige, o el yak42, pero en este país nadie dimite, ni la derecha ni la izquierda. Pero hay que ser realistas, ellos son un reflejo de la sociedad en la que convivimos, aquí no dimite ni el presidente de la comunidad de vecinos. En el otro extremo tenemos a los japoneses, donde un político se hace el harakiri después de ir a una rueda de prensa borracho.

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